A cinco años de una persecución feroz, ASSE sigue castigando a un cirujano intachable. Ahora apelaron a las amenazas telefónicas para frenar la manifestación de un pueblo que exige su regreso.
Hay situaciones donde la negligencia burocrática deja de ser ineficiencia y se convierte en pura perversidad. Lo que están haciendo con el Dr. Martín Salvatierra en el Hospital Regional de Salto sobrepasó hace rato el límite de lo administrativo para transformarse en un ataque sistemático, cruel y cobarde contra la dignidad de un profesional intachable. Cinco años transcurrieron desde que un aparato burocrático mediocre decidió sacar del quirófano a uno de los médicos más capacitados de la región. ¿El resultado? Un ensañamiento implacable que no solo intenta destruir la carrera de un hombre brillante, sino que condena directamente a la población más vulnerable que depende de la salud pública.
Pero la bajeza de esta trama sumó un capítulo nefasto en las últimas horas. Ante la indignación popular, vecinos y usuarios del sistema de salud organizaron una movilización pacífica en el departamento para exigir la restitución inmediata del médico a sus funciones quirúrgicas. La respuesta de los cobardes de siempre no tardó en llegar: los organizadores de la marcha comenzaron a recibir llamadas cargadas de amenazas y amedrentamientos explícitos para obligarlos a dar un paso atrás. ¿A qué le tienen tanto miedo? ¿Qué es lo que esconden debajo de la alfombra con tanto desespero que necesitan recurrir al apriete gangsteril para callar la voz del pueblo?
